Arquitectura educativa e infancia desde una mirada crítica y humanizada

En Human by NEXT creemos que los espacios donde crecen los niños no son neutros. Esta convicción fue el punto de partida de nuestro pódcast con Marta Pontnou, asesora de imagen y activista contra la presión estética, en el que reflexionamos sobre cómo la arquitectura y el diseño de los entornos educativos influyen en la forma en que los niños se perciben, se mueven y se relacionan entre ellos.

Más allá de metodologías o contenidos, el espacio es uno de los primeros mensajes educativos que recibe la infancia. A través de él se transmiten normas implícitas: quién puede ocupar el centro, quién debe adaptarse, qué cuerpos son visibles y cuáles quedan en los márgenes.

Auditorio escolar de arquitectura educativa con gradas de madera y sillas blancas, pared de listones con el nombre “Sant Nicolau” y columnas de color, diseñado para crear un espacio cálido, funcional y acogedor que refleja una arquitectura humanizada centrada en el bienestar y el aprendizaje.

El espacio como constructor de miradas y comportamientos

Desde la mirada de Marta, el entorno condiciona profundamente la relación que los niños establecen con su cuerpo y con los demás. No es lo mismo crecer en espacios rígidos, jerárquicos y controlados que en entornos diversos, flexibles y pensados para acoger distintas formas de estar. Aulas con filas cerradas, pasillos pensados solo para circular rápido o patios dominados por una única actividad no son decisiones inocentes: son configuraciones espaciales que refuerzan modelos de comportamiento, competitividad y ocupación desigual del espacio.

En este sentido, estudios impulsados por cooperativas de arquitectura feminista como Architektoniczki muestran cómo el diseño de patios y espacios escolares condiciona quién ocupa el centro y quién queda en los márgenes, reproduciendo desigualdades de género desde la infancia. El problema no es el juego en sí, sino el marco físico que lo permite y lo legitima. La arquitectura, así, no solo organiza movimientos: también construye —o puede cuestionar— relaciones de poder.

Humanizar es redistribuir el espacio y el poder

Humanizar los espacios educativos no consiste en decorarlos ni en suavizarlos superficialmente. Implica repensar cómo se distribuye el espacio y, con él, el poder. Patios con múltiples zonas, recorridos abiertos, rincones de calma, áreas no jerarquizadas o aulas flexibles permiten que cada niño encuentre su lugar sin tener que competir por él.

Desde esta perspectiva, el diseño se convierte en una herramienta para reducir la presión estética y comportamental. Cuando el espacio no impone una única forma de moverse, sentarse o jugar, el cuerpo deja de ser un problema a corregir y pasa a ser algo legítimo.

El cuerpo como centro del diseño educativo

Uno de los ejes fundamentales de la mirada de Marta Pontnou es la relación entre espacio y cuerpo. La presión estética no solo se construye a través de imágenes o discursos, sino también en entornos que exigen silencio constante, inmovilidad, exposición o comparación continua.

Diseñar espacios educativos humanizados implica tener en cuenta la diversidad corporal, emocional y relacional. Significa crear lugares donde el cuerpo pueda descansar, moverse, expresarse y sentirse seguro. Espacios que no juzgan ni obligan a encajar, sino que acompañan.

Materiales cálidos, escalas amables, buena luz natural, acústica cuidada y una organización clara ayudan a generar entornos donde el bienestar no es una excepción, sino la base.

Patios, pasillos y espacios invisibles que educan

La educación no ocurre solo en el aula. Los pasillos, los patios, las bibliotecas o las zonas comunes también enseñan. Son espacios donde se construyen relaciones, jerarquías y dinámicas sociales.

Cuando estos lugares se diseñan desde una lógica humanizadora, se convierten en oportunidades educativas. Un pasillo puede ser un espacio de encuentro, un patio puede ofrecer múltiples formas de juego, una biblioteca puede ser un refugio emocional. Todo depende de la intención con la que se proyecten.

Diseñar para acompañar, no para corregir

Desde la mirada crítica de Marta Pontnou, educar no debería significar corregir cuerpos ni comportamientos, sino acompañarlos. Y la arquitectura tiene un papel clave en este acompañamiento.

Humanizar los espacios educativos es una responsabilidad colectiva. Significa crear entornos que no refuercen desigualdades invisibles, que no aumenten la autoexigencia ni la comparación constante, y que permitan crecer con más libertad y menos presión. Los espacios también educan. La pregunta es qué valores queremos que transmitan.

Si quieres profundizar en esta reflexión, te invitamos a ver el pódcast completo con Marta Pontnou en nuestro canal de YouTube, donde desarrollamos esta mirada crítica sobre infancia, cuerpo y espacios educativos desde una perspectiva profundamente humana.